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miércoles, 16 de junio de 2010

Los límites del género

¿Sirven de algo los límites entre géneros literarios? ¿Es el límite inocuo u oculta una forma de poder tras de sí?

Reflexiones sobre el concepto de historia y sus límites de la mano de Heródoto y Tucídides pinchando el siguiente enlace:


Las palabras en griego y en latín que salen en el texto:

  • πάθος --> pathos, el sufrimiento, el sentir, lo volitivo y sentimental en el hombre
  • λόγος --> lógos, la razón, lo racional y lógico en el hombre
  • κόσμος --> kósmos, el universo siempre ordenado de los griegos
  • Θάνατος --> thánatos, la muerte dulce y sosegada
  • Keres --> la muerte violenta y sangrienta
  • ἴδιον --> idion, lo propio en el ámbito humano
  • κοινόν --> koinón, lo común en el ámbito humano
  • μῦθος --> mithos, el mito
  • ἀλήθεια --> aletheia, la verdad, el desvelo de lo aparente
  • ἦθος --> ethos, el carácter
  • παιδεια --> paideia, se podría traducir por algo así como cultura o educación
  • ars gratia artis --> el arte por el arte
  • pater historiae --> padre de la historia
  • ante rem --> antes de la cosa, lo puesto antes de que la cosa se dé
Me ha acompañado, cómo no, Sigur Rós con "Salka":

jueves, 17 de diciembre de 2009

Cuchillos oxidados, sangre y esperanza. Una recensión de "¿Qué es filosofía?" de José Ortega y Gasset.

Uno no sabe muy bien qué decir cuando acaba de leer “¿Qué es filosofía?”, hay algo dentro de ti que las páginas del libro han tocado y removido. No sabes muy bien qué es, pero sientes que hay algo que va a cambiar, como casi siempre ocurre tras una buena lectura.

Debo advertir que no es un libro apto para los oníricos momentos de duermevela; compila las lecciones de un curso universitario que, como tal, debe recibir la atención solemne del estudio y no le lectura liviana del pasatiempo. Aunque, aquí, Ortega me achacaría una mala interpretación de su método pedagógico:

La quilla de la cultura, el estado de ánimo que la lleva y equilibra es esa seria broma, esa broma formal que se parece al juego enérgico, al deporte, entendiendo por tal, como es sabido que yo entiendo, un esfuerzo, pero un esfuerzo que, en oposición al trabajo, no nos es impuesto, ni es utilitario ni es remunerado, sino un esfuerzo espontáneo, lujoso, que hacemos por el gusto de hacerlo […]. La cultura brota y vive, florece y fructifica en temple espiritual bien humorado -en la jovialidad-. La seriedad vendrá después, cuando hayamos logrado la cultura o la forma de ella a que nos referimos –así, ahora, la filosofía- [José Ortega y Gasset; "¿Qué es filosofía?"]

Con este curso Ortega espera, oponiéndose a la desesperación, ver florecer el germen de la filosofía en las mentes de los madrileños que asisten a sus lecciones. Y es que el germen de una filosofía es, a la larga, el germen de una nueva vida; sin embargo, como Ortega nos advierte, estos conceptos (el de filosofía y vida) parecen antagónicos y contrapuestos.

Todo lo que sale de las manos de un hombre es producto de su circunstancia, de su contexto, o, en su defecto, el contexto posibilita dicho producto; el curso “¿Qué es filosofía?” es un claro ejemplo de esta característica de la creatividad humana. Las lecciones de Ortega tienen su razón de ser en el contexto en el que nacen, pero esto no es más que una evidencia en todas las obras que alguien crea; no deja de ser, como tanto les gusta decir a los coetáneos de Ortega, una verdad perogrullesca.

Lo que en una obra importa es lo que recoge de dicho contexto, lo que aúna y lo que rechaza, lo que crea con los pedazos de lo que destruye, lo que recuerda y lo que olvida; y esto es, las lentes nuevas que la obra crea para observar desde otra perspectiva lo que el hombre ha observado siempre: la relación entre él y el mundo. Y estas lentes, valga de nuevo la perogrullada, están construidas con la materia propia de cada tiempo humano, de cada contexto, de cada paisaje, de cada circunstancia.

El paisaje histórico en el que se enmarca la vida de Ortega no da mucho lugar a que las conclusiones que se dan al observar el mundo que le envuelve sean esperanzadoras. La conclusión de la esperanza, principal leitmotiv de toda religión, puede parecer ingenua.

Los coetáneos de Ortega, y él mismo, dan cuenta de la agonía latente entre el individuo y la comunidad, entre España y sus confines, entre el devenir del hombre de a pie y el devenir histórico, entre creyente que espera creer y Dios.

NOTA AL MARGEN: Como apunta Unamuno en su “Agonía del cristianismo” entiéndase “agonía” por lucha y no por la desesperación del moribundo. Agonía es desesperación esperanzada, es la lucha que se da en el seno del hombre y lo posiciona como agonista, como luchador; unas veces será protagonista y otros antagonista pero si cede, si deja de agonizar, de luchar, la desesperanza envuelve con sus brazos de hierro al moribundo y el óbito, metafórico y moral, sucede en el cansado cuerpo del que ha cedido. Así, el moribundo puede conservar su salud y cuerpo, pero su alma ha sido cercenada por el helado corte de la guadaña. Muy a pesar del vago, la inmortalidad no consiste en la calma y la relajación, sino en la constante lucha por existir, que no es otra cosa que estar siendo, estar agonizando, estar luchando; aunque quizá aquí no quepa la mordaz pluma de Ortega es interesante decir que él apuntaría “existir es decidir”

La generación en la que se inscribe nuestro autor nace en un barco que navega sin astrolabio y que lucha contra las constelaciones, lanzando andanadas de metal hacia el inalcanzable cielo, creyendo que es el mejor camino para volver a ser; y así, España, recibe el daño de sus propios cañonazos que, lanzados hacia el etéreo recuerdo, vuelven a caer sobre la cubierta, ya mohosa, del antiguo Imperio. Los capitanes del navío, como cegados por Atea, cegados por el orgullo de lo que fue, emprenden acciones en su impulsiva invidencia, hundiendo al maltrecho barco en los mares abisales.

Un barco que ya está podrido después de sortear la ocupación napoleónica; la pérdida de las colonias de Filipinas, Cuba y la penosa derrota contra E.U.A.; los continuos cambios políticos que van del acierto al desastroso desatino: constituciones, desamortizaciones, etc.; las cegadas decisiones por recuperar el honor perdido, como la participación en la invasión de Indochina; las guerras civiles entre los partidarios de seguir lanzando andanadas al aire, los carlistas, y los que pretendían una emulación reformista de lo que venía siendo la reacción liberal ante la revolución industrial y francesa; el aparente triunfo de los reformistas y su Restauración: un régimen que entre la patética alternancia entre Cánovas y Sagasta, no supo administrar ni digerir los nuevos corrientes revolucionarios.

Ortega será heredero de todo este convulso acontecer, viviendo el fin de la aparente tranquilidad de la regencia de Isabel II y el reinado de Alfonso XII con el levantamiento de Primo de Rivera, estableciendo una dictadura que suplía el ya cadavérico sistema de alternancia de partidos.

El panorama no da mucho lugar a la esperanza, si la política y la economía eran decadentes, no podía esperarse mejor futuro para la cultura. Aún así, la curiosidad hambrienta de algunos jóvenes españoles amasaría el germen de la generación orteguiana, aportando esperanza al decadente espíritu cultural español: la generación del 98.

Fue la generación en la que Unamuno nunca quiso inscribirse la que aportaría el primer respiro a una cultura española venida a menos. Al ser pionera, al querer ser la primera que abriera la veda, la G98 tuvo que lidiar con los problemas propios del contexto en el que surgió como, por decir alguno, el retraso cultural que hizo de los jóvenes curiosos unos devoralibros. Así lo asegura Laín Entralgo citando a Unamuno:

Unamuno expresará esta ineludible necesidad de los jóvenes españoles: “El libro es en España –escribe- más imprescindible que en otras partes. Donde hay más cultura en el ambiente social que la que aquí hay, recíbela uno sin saber cómo: de conversaciones, de la lectura de diarios, de conferencias, del espectáculo mismo de la vida, aquí tenemos que suplir cada una de las deficiencias de la cultura ambiente y las deficiencias de nuestra educación; el español se ve obligado a ser autodidacto” [Pedro Laín Entralgo; La generación del 98]

El impulso intelectual de los hombres de la G98, la cierta relajación de las tensiones políticas que supuso la Restauración y la proliferación de políticas que apoyaban el desarrollo cultural del país, hizo que surgiera una nueva oleada de intelectuales y de progreso científico. Ahí tenemos el ejemplo del Premio Nobel de Medicina concedido en 1906 a Ramón y Cajal, el pensamiento de Ortega, Eugeni d’Ors, Azaña, Gregorio Marañón o Juan Ramón Jiménez.

Ortega se encuentra en este oleaje entre dos generaciones intelectualmente dispuestas a brindar nuevos tiempos culturales a la maltrecha España. Bajo el título “¿Qué es filosofía?” no sólo encontramos un curso académico, sino que encontramos la excusa perfecta para abrir las puertas de un cierto modo de vivir filosófico, la excusa perfecta para culturizar España, para europeizar los vastos campos por dónde se pasean los cadáveres de Lope de Vega, Quevedo, Bécquer, Galdós o Cervantes.

No vamos a encontrar en las lecciones que presenta el libro una historia de la filosofía en toda regla, aunque hay páginas que muestran con clara lucidez la génesis de conceptos tan importantes para la filosofía como “ser”, “conciencia”, “subjetividad”, “intimidad”, etc. A uno le dan ganas de arrancar dichas páginas y colgarlas en la pared de su habitación como si se tratara de un gran tesoro hallado en un largo viaje.

Pero, ¿qué hace Ortega exactamente? Filosofar. Ortega filosofa desde su circunstancia, delimitando con su actividad argumentativa el vocablo mismo de “filosofía” entendido desde nuestro tiempo y contexto.

Es el libro de Ortega un viaje hacia el centro de la filosofía de nuestros días, parte del simple juego, de lo sencillo y jovial, pero poco a poco va girando sobre sí mismo, concentrando sus esfuerzos por llegar al mismo centro y sacar a la luz lo que el vocablo “filosofía” significa. Cuando aún me faltaban un par de giros concéntricos para acabar el periplo orteguiano no pude contener mi dolor ante lo que pasaba delante de mis ojos y mis manos se lanzaron a escribir lo que sigue: http://victorfpm-pahu.blogspot.com/2009/12/sangre.html

En situación similar debería encontrarse Ortega antes de dar el último paso que lo llevó a formular la definición esperanzadora de filosofía. Podríamos decir, con el mismo Ortega, que el mundo que tenemos a nuestro alrededor varía según dónde atendamos; la atención a lo que sucede constituye lo que se nos aparece. He aquí la mejor explicación de ello en el libro de Ortega que acalla la sangrienta desesperanza anunciada más arriba, una breve historia de la atención humana:

Antigüedad y modernidad coinciden en intentar, bajo el nombre de filosofía, el conocimiento del Universo o cuanto hay. Pero al dar el primer paso, al buscar la primera verdad sobre el Universo comienzan ya a discrepar. Porque el antiguo parte, desde luego, en busca de una realidad primera, entendiendo por primera la más importante en la estructura del Universo. Si es teísta, dirá que la realidad más importante que explica las demás es Dios; si es materialista, dirá que la materia; si es panteísta, dirá que una entidad indiferente, a la vez materia y Dios –natura sive Deus-. Pero el moderno detendrá toda esta pesquisa y disputa diciendo: es posible que, en efecto, sea esta o la otra realidad la más importante en el Universo, pero después de que lo hubiésemos demostrado no habríamos adelantado un paso –porque ustedes han olvidado preguntarse si esa realidad que explica a las demás la hay con toda evidencia; más aún si esas otras realidades explicadas por ella, menos importantes que ella, existen indubitablemente-. El problema primero de la filosofía no es averiguar qué realidad es la más importante, sino qué realidad del Universo es la más indudable, la más segura –aunque sea, por caso, la menos importante, la más humilde e insignificante-. En suma, que el problema primero filosófico consiste en determinar qué nos es dado del Universo –el problema de los datos radicales-. La antigüedad no se plantea nunca formalmente este problema; por eso, cualesquiera sean sus aciertos en las demás cuestiones, su nivel es inferior al de la modernidad. Nosotros nos instalamos, desde luego, en este nivel, y lo único que hacemos es disputar con os modernos sobre cuál es la realidad radical e indubitable. Hallamos que no es la conciencia, el sujeto –sino la vida, que incluye, además del sujeto, el mundo-. De esta manera escapamos al idealismo y conquistamos un nuevo nivel [José Ortega y Gasset; "¿Qué es filosofía?"]

De la misma mano que me condujo a la solipsista tesis radical del idealismo, salgo a flote en una nueva realidad, en un nuevo mirar. La realidad radical ya no es el sujeto pensante, el yo ponente, el espíritu glotón; la nueva realidad a la que Ortega atiende es a la coexistencia entre él y su mundo, a la coexistencia entre ambos.

¡Qué más da que todo sea una falsa ilusión! No podemos pensarnos a nosotros mismos sin la relación indisociable con nuestro mundo, con nuestra circunstancia; incluso en los sueños no puedo soñarme sin el sueño que envuelve a mi ser soñado. Así, Ortega aúna filosofía y vitalidad, yo y mundo, individualidad y colectividad; de esta conjunción entre lo teórico y lo vital surge la vida humana. ¡Es imposible pensarme sin aquello que me rodea! ¡Imposible! El mundo no es ya la naturaleza de los griegos ni el sujeto proyectado de los modernos, el mundo es mi circunstancia. Yo soy en tanto que circunstanciado por mi mundo y el mundo es en tanto que atendido por mí.

De aquí partirá ahora Ortega, la filosofía debe escudriñar eso a lo que llamamos vida.

El atributo primero de esta realidad radical que llamamos “nuestra vida” es el existir por sí misma, el enterarse de sí, el ser transparente ante sí. Sólo por eso es indubitable ella y cuanto forma parte de ella –y sólo porque es la única indubitable es la realidad radical […] Me doy cuenta de mí en el mundo, de mí y del mundo- esto es, por lo pronto, “vivir”. Ese “encontrarse” es, desde luego, encontrarse ocupado con algo del mundo. Yo consisto en un ocuparme con lo que hay en el mundo, y el mundo consiste en todo aquello de que me ocupo y nada más. Ocuparse es hacer esto o lo otro –es, por ejemplo, pensar [José Ortega y Gasset; "¿Qué es filosofía?"]

Y, levantando piedra tras piedra, Ortega ahonda más en las categorías vitales de esto que llamamos hombre. El hombre vive ocupado y, esto es, embebido en el tiempo; y el tiempo del hombre es un proyectarse hacia el futuro heredando el pasado, es un proyectarse hacia el querer ser. Todo ser ha sido un querer ser. De aquí que Ortega extraiga la brillante conclusión que lo importante en esta vida es la pre-ocupación, la proyección de lo que ansiamos ser. Y aquí nos damos de lleno con el mensaje esperanzador orteguiano: el futuro es obra de las proyecciones del presente, es obra de las decisiones del presente.

Ortega pone la filosofía de su tiempo al alcance de aquellos que constituyen dicho tiempo:

Imaginen ustedes por un momento que cada uno de nosotros cuidase tan sólo un poco más cada una de las horas de sus días, que le exigiese un poco más de donosura e intensidad, y multiplicando todos estos mínimos perfeccionamientos y densificaciones de unas vidas por las otras, calculen ustedes el enriquecimiento gigante, el fabuloso ennoblecimiento que la convivencia humana alcanzaría. Eso sería vivir en plena forma; en vez de pasar las horas como naves sin estabilidad y a la deriva, pasarían ante nosotros cada una con su nueva inminencia. No se diga tampoco que la fatalidad no nos deja mejorar nuestra vida, porque la belleza de la vida está precisamente no en que el destino nos sea favorable o adverso –ya que siempre es destino-, sino en la gentileza con que le salgamos al paso y labremos de su materia fatal una figura noble [José Ortega y Gasset; "¿Qué es filosofía?"]

¡Ah! ¡Suero y yodo! ¡Mis heridas se cierran! Esperanza, estas palabras están cargadas de esperanza que, al fin y al cabo, es un querer ser, un desear ser. Ortega lo pide, lo vocifera, desea que el pueblo español se pre-ocupe que no se deje llevar y deje su preocupación en la vida del vecino; quiere apartar al español de a pie de la masa ingente de borregos despreocupados, que se apoyan en la preocupación ajena.

Lamentablemente siempre tengo un cuchillo oxidado a mano con el que reabrir viejas heridas. Hoy, en la noche de un Diciembre frío, cuando hace 90 años que el curso de Ortega se llevó a cabo, el español de a pie está cada vez más apoyado en las preocupaciones de otros; es más, es muy español eso de que “se preocupen ellos que para eso les pagan”. Hoy, el navío no es ya la Santa María sino un madero carcomido y quebradizo al que algunos se aferran como si les fuera la vida y otros se dejan llevar por la deriva, esperando llegar a tierras mejores. Un madero destrozado por aquellas andanadas y por la carcoma interna que parece no tener más ambición que la fitofagia, parece no tener más futuro que el presente engullidor. Y allí me encuentro, navegando junto al madero sin lugar al que asirme, ya que nadie quiere ceder un lugar que sirve de alimento a sus burdos proyectos. Lo observo todo desde la perplejidad y me entrego a pensamientos sobre la esperanza, la salvación y el destino de ese carcomido tablón; unas reflexiones que no dejan de ser heredadas de otro navío: el de la cristiandad. ¿Navío? ¿Qué habrá sido de él? Ante tal panorama de desolación y destrucción es posible que ya no quede ninguna nave, salvo las que seguro que se estarán creando en los astilleros. Y, entre los gritos de la muchedumbre, miro alrededor y veo que no estoy solo, hay demasiada gente observando el festín. Y pienso en el navío de la cristiandad que, como nosotros, aún guarda esperanzas pero ya está harta de esperar.

Y digo yo, a mis 22 años… ¡qué me queda! ¿Esperanza o resignación? ¿Ingenuidad o cruda realidad?

domingo, 29 de noviembre de 2009

Una propuesta religiosa silenciada; recensión de "El fundamento irreligioso de la iglesia", de Joan Leita i Graell.

El texto que sigue estas palabras fue una recensión que realicé para la asignatura de Historia de la Filosofía Medieval III. El autor tratado es, como casi todos los que aportan aire fresco a la religiosidad, un autor olvidado y que, probablemente, su apuesta por la espiritualidad quedará olvidada en el tiempo. La comunidad dogmática cristiana jamás podrá aceptar un cambio como el que propone Leita, una apuesta que incluso permite, y considera indispensable, la entrada del ateo y del escéptico en la nueva iglesia de la irreligión.
El texto está en catalán, intentaré traducirlo cuando tenga tiempo para permitir que el mensaje llegue lo más lejos posible.
Sin más, aquí mi pequeño homenaje a este autor:



El fonament irreligiós de l'esglèsia, Joan Leita i Graell
L'autor del llibre que es presenta, en Joan Leita i Graell, nasquè a Barcelona el 1936 i cursà estudis de filosofia i teologia entre Barcelona i Innsbruck. L’any 1955 s’ordenà membre de la Companyia de Jesús, rebent la estricta formació intel·lectual que caracteritza als jesuïtes. El 1969 publicarà El fonament irreligiós de l’esglèsia que serà premiat amb el Carles Cardó d’investigació religiosa del 1969. El mateix any, arran del contingut del llibre premiat, l'autor fou cridat a l’ordre pels jesuïtes. Amb tot, Leita publicà el 1971 "L’antievangeli". Amb aquesta segona publicació, la Companyia de Jesús li demanà que marxés de l’ordre per la seva voluntat; Leita fou expulsat, a contracor, de l'ordre jesuïta.

El lector que vulgui emprendre la lectura del primer llibre d’en Leita es trobarà davant d’un escrit problemàtic pel que fa al context, ja que els temes exposats seràn motiu de la desavinença entre l’ordre jesuïta i l’autor del llibre. Però tambè es un llibre problemàtic pel que fa al text, no es un escrit dirigit al lector profà en temes purament cristians i bíblics. No obstant, el text es comprèn millor si hom adjunta a la lectura de Leita la consulta de la Bíblia de la Fundació Biblica Catalana.

El llibre de Leita és un clar intent de revisar la constitució de l'esglèsia, revisant els fonaments d'on sorgeix la institució. Com diu Leita:
"Aun siendo sin duda importantes los análisis sociológicos, psicológicos e históricos, hemos creído que era fundamental investigar qué es la iglesia en su esencia, considerada a partir de sus orígenes. Por esto nos hemos remontado al evangelio en el cual tiene la iglesia su razón fundamental de existir [a l'evangeli de Mateu]"

Leita es reafirma en l'exercici contextualitzador de la seva tasca tant al començament del llibre (capítol 2) com al final (capítol 17). A través de la contextualització dels evangelis ens mostrarà l'aparent equivalència entre els sinóptics, tot establint un diàleg amb els exegetes i teólegs contemporanis que tracten el tema.
La primera part del llibre es una lloable tasca d'investigació teológica en la que Leita contraposa l'evangeli de Mateu i l'evangeli de Marc; una contraposició de la que sorgiran diferents concepcions de mesianisme, de Jesús, de Déu, i de la relació de cada evangeli amb el seu context.
L'autor ens fará veure com l'evangeli de Mateu fonamenta l'actual esglèsia, que té el Vaticà com a institució que té les claus del regne dels cels; i el que lligui a la terra quedarà lligat al cel, i el que deslligui en la terra quedarà deslligat als cels; i com de l'evangeli de Marc (aparentment equivalent al de Mateu) se'n desprèn una concepció de l'esglèsia ben diferent de la que emana de l'evangeli de Mateu.

L'autor es pregunta com es possible que el Vaticà, que predica la pràctica de l'amor a Déu, necessiti de l'antic mecanisme de llei i obediència. Com l'autor mateix exposa:
"la vida de la iglesia ha de ser mucho más personal y profunda que la de un simple mecanismo de ley y obediencia"
I es que el profà en teologia, o el fervent creient en l'esglèsia vaticana, relaciona la fe cristiana amb el Vaticà i el Deu cristià amb l'autoritat vaticana. Hom creu que el cristianisme es sinónim de llei i obediència, missatge i missatger, pregària i salvació. Leita vol argumentar com aquestes dicotomies de l'esglesia vaticana o mesiànica no conformen l'única institució que podia haver sorgit de la lectura dels evangelis. També mostrarà com el Deu cristià , al que el Vaticà obeeix, no es l'única expressió evangèlica possible de la divinitat.

En Leita es conjuminen l'agudesa de l'erudició, la valentia de l'exploració i la coherència del sentit comú. L'autor no entèn com una religió que s'harmonitzà amb el passat i amb el seu present per assegurar-se el futur, no pot harmonitzar-se amb el seu present actual. En el seu moment, la religió havia de respondre a un model "divinitzat" de la natura on la realitat era dotada de sentit per Déu, però des de l'evangeli de Marc se'n desprèn una intuició de la modernitat: la natura respón a un model "hominitzat", la realitat es dotada de sentit per l'home.
L'esquema teológic de l'evangeli de Mateu es harmonista amb el passat, recull la influènicia veterotestamentària i la mirada ascendent de l'home; atorgant a Déu el sentit de la creació i establint una relació d'amo i súbdit. Establint així una esglèsia mesiànica on la figura de Jesús és...
"el mesías, el hijo de David, que cumple en sí mismo las profecías veterotestamentarias: pertenece a la descendencia de Abraham, de Isaac y de Jacob; [...] aquél en quien están puestas todas las esperanzas del pueblo de Israel"
L'esglèsia mesiànica ha ocultat la possible esglèsia que podia sorgir de l'esquema evangèlic de Marc, ja que:
"el acontecimiento de Jesús sólo se ha considerado de acuerdo con la línea religiosa y tradicional de Mateo"
Un evangeli, el de Marc, rupturista amb el passat veterotestamentari. Un document que respon a la vertadera coherència del Crist, resolent la llunyania de l'home envers Déu "hominitzant" al mateix Déu. Com diu Leita, en l'esquema evangelic de Marc,
"la afirmación básica que fundamenta la fe ha quedado bien diferenciada de la que suele ser base común de la religión, y con ello ha sido ya invalidado el mecanismo de relaciones trascendentes. De ahí que el Dios invisible, contemplado a través de la creación, no esté esencialmente presente en el documento de Marcos, a diferencia de cualquier otro documento veterotestamentario"
I es que en l'evangeli de Marc la afirmació bàsica que fonamenta la fe no es ja el sometiment a...
"a la voluntad de Dios expresada en las normas y que el hombre ha de poner en pràctica"
...sino, més aviat l'afirmació central de la fe es...
"aquella unidad viva de la aceptación de la persona de Jesús como constitutivo único y radical de salvación"
Heus aquí l'esglèsia del silenci, la unitat de fe amagada pel mesianisme institucional.

En aquest escrit Leita mai voldrà...
"llegar a la conclusión definitiva acerca de cúal de dichas iglesias tiene con seguridad validez evangélica ni [...] acerca de cuál de ellas ha de ser excluida necesariamente como no evangèlica"
...més aviat, voldrà deixar constància de l'existència d'una altra possibilitat confessional que emana dels sinóptics.

El títol del llibre no es legitima fins al final de l'escrit, quan Leita s'assegura que el lector a anat desocultant i descobrint el missatge del llibre. En efecte, la confessionalitat del silenci que Leita ens revela es una esglèsia que nega el caràcter religiós de sí mateixa, ja que...
"si hay que afirmar que Jesús es Cristo, no es porque nos trajera una nueva religión, sino porque es el final de la religión"


...Déu definitivament "s'hominitza" i l'esglèsia del silenci esdevè irreligiosa.
L'aconteixement de Crist per a Marc es un aconteixement revolucionari en tant que la bona nova sobre pas entre la mirada...
"hacia abajo, dirigida al centralismo del individuo personal, y otra hacia arriba, dirigida hacia el término absoluto de toda individualidad"
...establint un centralisme absolut de Jesús. El món ja no s'entèn desde la trascendència rabínica, sinó a través de la realitat intramundana de la persona de Jesús que, apropant la divinitat a l'home, trenca definitivament la llunyania envers Déu i la submissió legal amb aquest. D'aquesta manera...
"Dios no puede ser el mecanismo de la forma ascendente o de la mirada hacia arriba, porque esto no seria salir al encuentro [centralizado] del acontecimiento de Jesús"
...el Déu rabínic, que es el Déu de l'esquema de Mateu, no encaixa en el document de Marc.

En definitiva, un llibre molt interessant que no deixarà indiferent al religiós, que rep un baf de coherència; ni a l'ateu, que no queda exclós de l'esglèsia del silenci; ni a qualsevol creient d'altres confesions, ja que...
"ni lo que importa es ya saber cúal es la verdadera religión, porque el acontecimiento mismo de Jesús supera toda categoría religiosa. Lo único que importa es ya saber cómo podemos vivir unidos en la iglesia de la irreligión"

viernes, 23 de octubre de 2009

Manifiesto humilde

<<El artista que sólo pretende ser entendido por los inteligentes corre el peligro de no ser tan admirado por éstos como por los que quieren parecer inteligentes con admirarle>> Jacinto Benavente

<<La claridad es la cortesía del filósofo>> Ortega y Gasset, recordando a Aristóteles

domingo, 16 de agosto de 2009

Tolstói y el sentido de la vida

No han sido pocas veces las que el tedio se ha apoderado de mi y me ha hecho caer en la rutina y el aburrimiento. Aquellos días soleados en los que te levantas y te preguntas "¿Por qué salir?", "¿Por qué esforzarse?", "¿Por qué creer?"... unos días tristes en los que lo único que puede llegar a alimentar el cerebro puede ser alguna película mínimamente interesante, y lo único que estimula el cuerpo es el camino del sofá hacia la nevera para abrir una cerveza.


Estos momentos los suelo superar a base de poner cualquier canción estimulante, enfundarme el maillot y escapar con la bicicleta; cuando vuelvo, con el ánimo más calmado y las piernas ardientes, la cabeza está más predispuesta para poder digerir cualquier tinta impresa en papel A4 doblado en formato cuartilla.


Aunque, no es una solución radical, es útil a corto plazo.


Hace unos días terminé de leer "Confesión" de Lev Tolstói. El libro lo compré en Vigo, lo primero que me llamó la atención fué una inscripción en la portada que decía:

Las palabras de Tolstoi acuden a mi mente una y otra vez. En su momento fue esta obra la que realmente me mantuvo en vida [Ludwig Wittgenstein]
Si entre los modernos alguien pudiera compararse con Homero, creo que solo Tolstói podría afrontar desafío tan descomunal. Si Homero nos ayuda a comprender el alba de nociones como alma y espíritu, Tolstói nos ayuda a comprender la pavorosa soledad del hombre moderno [Juan Pedro Quiñonero]


Y no es para menos, son 146 páginas contundentes que más que brindarnos la verdadera esencia de la vida, nos dice lo que ésta no es. Así Tolstói emprende una batalla contra el academicismo y las minorías intelectuales, a favor de la gente que trabaja la tierra y el metal: <<Las condiciones de lujo en las que habitábamos [la clase intelectual] nos privaban de la posibilidad de comprender la vida, y que para entenderla debía comprender no la existencia de una minoría, de nosotros, parásitos, sino la del sencillo pueblo trabajador, que la crea y le da sentido>>


El verdadero sentido de la vida no se halla en los cafés bohemios, en las discusiones sobre el sexo de los ángeles, en los "papers" académicos o en cualquier clase de filosofía; el verdadero sentido de la vida se halla en el campesino que trabaja la tierra, en el pastor que atiza a la res para que no se detenga... es decir, el intelectual se pregunta "¿Por qué vivir?", el campesino se limita a "vivir". De alguna manera la ignorancia aporta felicidad, pero como muy bien dice Tolstói, una vez nos hemos preguntado por el sentido de nuestra vida, ya no hay vuelta atrás; no podemos simular ignorancia y limitarnos a vivir.
El siguiente fragmento acompaña siempre el pensamiento de alguien que se ha questionado esa pregunta:
Mi pregunta, la que a los cincuenta años me condujo al borde del suicidio, era la más sencilla: reside en el alma de todo ser humano, desde el niño estúpido hasta el anciano más sabio, una pregunta sin la cual la vida es imposible, como yo mismo he experimentado. La pregunta es: "¿Que resultará de lo que hoy haga? ¿De lo que haga mañana? ¿Qué resultará de toda mi vida?". Expresada de otra forma, la pregunta sería la siguiente: "¿Para qué vivir, para qué desear, para qué hacer algo?". O formulada todavía de otro modo: "¿Hay algún sentido en mi vida que no será destruido por la inevitable muerte que me espera?"
Tanto el campesino como el intelectual están expuestos a la abrumadora presencia de esta pregunta. Tolstói no encontró consuelo en ese pequeño círculo de pensadores que a través de la filosofía o la ciencia trataban de dar respuesta a la pregunta por la vida, y decidió volver a los orígenes. Y nunca mejor dicho. Volvió a los círculos religiosos de su infancia, que había abandonado en su juventud porque le parecían totalmente irracionales; ahora le seguían pareciendo irracionales, pero necesarios para seguir con vida.


Quizás yo no llegue tan lejos, quizás no vuelva a los círculos pseudo-cristianos de mi infancia, y simplemente me quede con algo que me consuela y me sirve para tener ganas de seguir viviendo. Quién sabe si hay un sentido indestructible a la muerte; pero yo no me fijo tanto en el sentido que mantiene la vida, sino como en el hecho de la muerte. La muerte es mi meta y mi fin, la muerte es mi aliento y mi empuje. Si una cosa tengo clara, es que voy a morir; y como diría Nacho Vegas, "cuando digo voy, es voy". Teniendo claro mi fin, puedo plantearme mi recorrido hacia él; y, cuando esté en mi lecho de muerte, me gustaría pensar: "Cuánto he visto, cuánto he sentido, cuánto he caminado, cuánto he sufrido, cuánto he reído, cuánto he disfrutado, cuánto he amado, cuánto he tocado... en definitiva, cuánto he EXPERIMENTADO"
Es la EXPERIENCIA la que alimenta mis ganas de vivir: las cervezas con los amigos, las caminatas por la montaña, los viajes, el calor, la enfermedad, una buena comida, una noche de sexo, una pelicula en invierno, dormir al raso, encender un fuego, estar por encima de las nubes, pelear contra uno mismo, etc.